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La
restauración del edificio, que data del siglo
XIV, y la decoración son obra de su propietario,
el artista plástico Justo Almendros.
Su premisa fundamental fue mantener el carácter del lugar
sin prescindir de las comodidades de la vida moderna. Así,
la atmósfera es netamente marroquí –puertas
y muebles de madera confeccionados por artesanos locales, paredes
acabadas en tadlak, suelos de barro cocido, patio con piscina
llena de pétalos de rosa, palmeras, naranjos, buganvillas
y otras hermosas plantas locales–, mientras que los recintos
y habitaciones están dotados de todas las comodidades
y servicios. |